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Reseña Street Fighter: Una película hecha solo para fanáticos

La vimos y así nos fue.

Había una misión muy difícil con Street Fighter y esa era satisfacer a quienes llevan décadas lanzando Hadokens frente a una pantalla. Y, en gran medida, la película lo consigue. El problema es que lo hace de una manera tan obsesionada con el fan service que deja poco espacio para quienes no conocen la franquicia o apenas ubican a sus personajes.

Porque sí, esta es una película hecha para fanáticos de Street Fighter. Y se nota prácticamente desde el primer minuto porque está plagada de referencias, movimientos clásicos, posturas de combate y guiños que cualquier jugador identificará de inmediato. Los Hadokens, Shoryukens, Spinning Bird Kicks y varias técnicas emblemáticas aparecen recreadas con una fidelidad que seguramente sacará sonrisas a quienes crecieron con la saga de Capcom.

Sin embargo, aunque hay momentos visualmente impactantes, gran parte de las peleas terminan viéndose demasiado artificiales, algo que pasa principalmente con Blanka, por razones obvias. Con él, los efectos, las coreografías y algunas acrobacias tienen una sensación constante de falsedad que dificulta tomarse ciertos enfrentamientos en serio. Y olvídense que van a reconocer a Jason Momoa en eso.

Las secuencias animadas

Las transiciones en estilo anime son, probablemente, uno de los elementos más sólidos de toda la producción y que sorprenden para bien porque no solo ayudan a conectar eventos o a profundizar algunos conflictos, sino que además entregan peso emocional a una historia que en su formato de acción real a veces luce demasiado superficial. Cada vez que la película recurre a estas secuencias encuentra una identidad propia que le permite destacar del resto de las adaptaciones de videojuegos.

Y hablando de historia, el relato funciona mejor de lo que podría esperarse. La trama sigue principalmente a Ryu y Ken mientras se ven arrastrados hacia el conflicto que involucra a Shadaloo y M. Bison. No hay grandes sorpresas ni giros particularmente memorables, pero el argumento cumple con mantener en movimiento a los personajes y justificar la enorme cantidad de rostros clásicos que aparecen en pantalla.

Sin embargo, no todos reciben el mismo trato y entre los mayores pecados de la película está el desaprovechamiento de personajes como Zangief y Vega que si bien tienen presencia, ninguno cuenta con las peleas o el desarrollo que merecen. ¿Guile? Una Flash Kick, un par de chistes y nada más.

La banda sonora, un capítulo aparte

Desde una perspectiva emocional, la música funciona muy bien y ayuda a construir esa sensación nostálgica que atraviesa toda la película. No obstante, en la banda sonora aparecen los errores más curiosos de toda la producción.

Tenemos que la historia transcurre en 1993, pero buena parte de las canciones utilizadas fueron lanzadas después de ese año. Y para la mayoría del público probablemente sea un detalle irrelevante, pero si consideramos el tipo de audiencia al que apunta esta película, no tanto. Si hasta una canción del año 2000 acompaña a Ken al salir a la arena.

Pero hay un caso particularmente llamativo y tiene que ver con "What's Up", de 4 Non Blondes, que se convierte en una pieza central dentro de la historia, al punto de aparecer en el inicio, en el medio y en el final de la película. Y si bien la canción fue publicada en 1993 y calzaría con el tiempo, cuando se presenta en la película lo hace con Ryu escuchándola en su Walkman en 1987.

Sin duda, este es el tipo de error que muchos espectadores dejarán pasar sin pensarlo dos veces, pero precisamente cuando construyes una película pensada para el nicho más fanático y detallista, esos detalles terminan destacando más de la cuenta, aunque afortunadamente ninguno de estos problemas arruina la experiencia.

Porque Street Fighter es una película entretenida, con buen ritmo, que no se siente demasiado larga y entiende perfectamente qué momentos quiere ofrecer a sus seguidores y con eso, el espectador difícilmente se aburrirá, más si sumamos la cantidad de movimientos y referencias calcadas al videojuego.

Lo que sí deja una sensación extraña es su desenlace porque más que una película con principio, desarrollo y final claramente definidos, se siente como el primer gran episodio de una serie de streaming. Muchas historias quedan abiertas, varios conflictos apenas comienzan a desarrollarse y la conclusión funciona más como una promesa de lo que viene que como un cierre satisfactorio.

Obviamente eso puede entusiasmar a quienes quedaron enganchados con este universo, y a nosotros igual, pero también genera la sensación de que estamos viendo media historia en lugar de una aventura completa. Y claro, la segunda parte siempre dependerá de cómo le vaya en recaudación a la primera y si no cumple con lo esperado, lamentablemente podríamos quedarnos solo con este primer episodio.